Mi recuerdo de la Navidad como niña abusada.

La Navidad para un niñ@ abusad@ no tiene mucho de feliz. Por desgracia, a vista de los demás, si lo parece. Pero no es más que mera supervivencia del niñ@ y oídos sordos por parte del resto.

La Navidad para est@s niños es aquella época en la que todo se tapa con mas vehemencia que durante el resto del año. En la que todo se adorna de hipocresía, en la que todo se silencia para que no moleste, para que no incomode ni a la familia, ni a los amigos, porque son fechas de“espíritu navideño”, de reuniones, de comidas y cenas de las que parece tenemos la obligación de disfrutar.

Fechas en las que muchos niñ@s se centran o intentan centrar su mente en los juguetes que les gustaría recibir y desvían, en la medida que pueden, sus pensamientos lejos de los abusos que están sufriendo, lejos de esa familia que no ve nada, de ese individuo al que se supone tienen que querer, el que se supone les quiere pero que a su vez les causa dolor, confusión , miedo y soledad.

Felices navidades son en las que un niño sólo tiene en su cabeza que juguetes pedir a los reyes magos. No son felices unas navidades en las que a un niño le invade la angustia, la ansiedad, cuando piensa que tiene que ir a comer o cenar con ese abusador sentado a su lado, con esa familia que no escucha sus gritos silenciosos, que no le ayuda, ni ve, ni oye sus señales emitidas desde lo mas profundo de su alma, con la esperanza que le rescaten de ese infierno diario.

Y si no eres rescatado, te haces adulto y tus navidades siguen siendo esa misma tortura incómoda en la que estás tan acostumbrad@ a moverte. Una tortura que unida a la deriva en la que transcurre tu vida se torna en algo casi cotidiano, que pasa a formar parte de tu infierno más leve, o eso crees, porque en el fondo, el origen de todo, el punto neurálgico de ese infierno es precisamente el abusador sentado en la misma mesa y el resto de familiares que no quisieron oír ni ver tus gritos silenciosos.

Cuando un superviviente de abusos sigue en esa espiral de tradiciones familiares siendo adult@, durante años y años, sin tener la fuerza necesaria para decir basta, sin saberlo está prolongando el abuso que aunque ya no es físico si sigue siendo psicológico, sigue torturándole y solapando su vida.

Porque el querer silenciar y silenciarte, el no reconocimiento de los hechos por parte de esa familia, la marginación a la que te relegan, esa macabra comedia en la que siguen viviendo todos ell@s como si nada hubiera pasado, sólo acrecienta ese dolor tan profundo que sabes muy bien nunca has dejado de sentir.

Felices navidades son aquellas en las que los derechos de los niñ@s no se vean vulnerados en ningún aspecto, en las que los adultos no tengamos vidas llenas de secuelas y consecuencias de unos abusos sufridos en nuestra infancia. Una en la que no tengamos que sentirnos como parias dentro de nuestras propias familias y de una sociedad que lejos de ayudarnos nos margina y estigmatiza ahora igual como lo hizo cuando eramos niñ@s

Esas si serían unas felices navidades.

Helga F. Moreno