El reciente caso de Diana Quer, tristemente asesinada o la violación hace un año de una chica en los San Fermines, son ejemplos de una innumerable lista de mujeres asesinadas o agredidas sexualmente por violencia machista.

Si te resistes te arriesgas a que te maten. Si en tu miedo optas por no ofrecer resistencia, a resignarte y esperar que todo acabe lo mas rápido posible, eres juzgada mediática y socialmente. Y muy duramente juzgada.

El feminicidio que estamos viviendo, que siempre hemos vivido nos quiere alerta, con miedo, siempre en tensión «por si acaso». Vivir así se convierte en un suplicio, ser mujer se convierte en una carrera de obstáculos en los que, en algunos de ellos, te juegas tu propia vida.

En mi historia, con toda probabilidad, he podido estar cerca de acabar asesinada en manos de individuos como estos. Pero mi propia vulnerabilidad, el miedo a lo que sabía me podía pasar si me resitía, mi indefensión aprendida y tan arraigada en mi persona por los abusos sexuales sufridos en la infancia y la prostitución, quizá me «salvaron» de morir en esas ocasiones. Pero no me salvaron de las agresiones.

Algunos ejemplos de mi propia historia:

  • Un fotógrafo profesional, el cual su trabajo era hacer books, no tenía porque insinuarseme, acosarme y violarme. Y no ofrecí resistencia. Y NO, no me gustaba el tipo, NO, no le deseaba, NO, no quería tener sexo con él. Quería que acabará rápido.
  • Un taxista que me llevó de noche a una discoteca donde solía ir no tenía porque parar el taxi en un descampado, no tenía porque sentarse a mi lado, no tenía porque violarme. NO. Pero yo no me resistí. Me daba igual todo porque tristemente estaba acostumbrada a que me usaran sexualmente. Era como un robot. Y NO, no quería tampoco sexo con él, ni lo deseaba, ni me gustaba. Quería que acabara rápido.
  • Un pintor que se supone busca una modelo para una academia de bellas artes no tiene porque terminar bajándote las bragas. Y no me resistí. Y NO, no quería tener sexo con ese señor. Quería que acabara rápido.

Y como estas situaciones, unas cuantas más que no denuncié. ¿Podría haberlas denunciado? ¿Podría haber denunciado a esos hombres por lo que me hicieron? ¿Hubiera podido denunciarlos?

Sabemos la respuesta. NO. ¿Para que? ¿Me hubiera creído alguien? ¿Alguien hubiera cuestionado a esos individuos sin cuestionar si yo me defendí o no o los motivos por los que no me resistí?

Al menos en ese momento pensé que lo más probable que me hubieran dicho es que si no me «resistí», es porque en teoría «consentí».

¿Que hubiera pasado si me hubiera resistido en todos los casos? Tal vez hubiera podido escapar, es un factor de suerte también, pero podría perfectamente, en una de estas situaciones, haber acabado asesinada y en un pozo como Diana Quer y por desgracia tantas otras mujeres.

Me pregunto a día de hoy ¿cuantas chicas acosadas, agredidas, vienen de indefensiones aprendidas, o simplemente por el terror de ese momento, optan por no pelear, por no resistirse y no lo denuncian al igual que no lo denuncié yo?

¿Cuantos acosadores, violadores quedan impunes, siguen campando a sus anchas, siguen libres acosando y agrediendo a una mujer tras otra bajo el amparo de nuestra indefensión, de nuestro miedo, de nuestro silencio y de una sociedad que juzga a la víctima en vez de al agresor? ¿Cuantos?

Si te resistes puede que mueras. Si no te defiendes eres duramente juzgada por los medios y/o por una sociedad que parece no entender que ser agredida o violada por alguien a quien no deseas, con quien no te apetece ni quieres tener sexo y no ofreces o no puedes ofrecer resistencia NO significa que te guste ese individuo, ni que quieras tener relaciones sexuales con él, ni mucho menos que disfrutes con la agresión.

 

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