Comprobamos, muy a nuestro pesar, que las tragedias y secuelas personales que sufren las víctimas de abusos y maltrato infantil no son capaces, por si solas, de engrasar la maquinaria solidaria de nuestros gobernantes y de muchos ciudadanos pensando en problemas más «reales» que sí les atañen a ellos.

Un enfoque interesante sería señalar el impacto económico y social que los abusos y el maltrato infantil ocasionan en el menor agredido, en su familia y en la sociedad en general.

Es importante señalar el coste económico que implica la atención a cada una de las niñas, niños o adolescentes víctimas. Para ello es necesario determinar los costes directos (la suma del personal profesional involucrado y los gastos de hospital en la atención integral de cada caso) e indirectos (disminución en el aprendizaje, el tiempo invertido por los padres o cuidadores del menor y la pérdida de sus salarios, así como la baja productividad y limitación en el trabajo que puede tener la víctima en su vida adulta).

Un grupo internacional de expertos declaró en 2012 en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, que el coste de abuso infantil se había incrementado un 20%, a 150 mil millones de dolares al año, o el 1.2% del ingreso per cápita de los países desarrollados. Para entonces ya se había calculado que los costes de por vida de las víctimas estarían sobre los 124 billones de dolares, 210000 dolares por cada una. Si comparamos este dato con el coste medio de una víctima de accidente cerebrovascular serían 50,000 dolares más y similar al gasto de los pacientes con diabetes de tipo de 2.

Otro estudio de Unicef constató que el abuso y el maltrato infantil están costando a los países de Asia oriental y el Pacífico unos 209 mil millones de dolares al año, equivalentes al 2% del PIB de la región.

Por supuesto en España no existe ningún estudio al respecto, pero cabria pensar que posiblemente el dato estadístico sobre nuestro PIB sería considerable. En una época de crisis y recortes deberíamos pensar que el impacto inmediato y a largo plazo que tiene sobre la salud pública los costes económicos del abuso y el maltrato infantil, restan fondos para las inversiones que se realizan en educación, sanidad y bienestar social. El abuso y el maltrato infantil causa alteraciones en la salud mental y física que perduran toda la vida, y sus consecuencias a nivel socioprofesional pueden, en última instancia, ralentizar el desarrollo económico y social de un país.

No cabe duda en que la educación para la prevención de los abusos en la infancia nos haría más «ricos» a todos los niveles.

 

Fuentes: Childhelp.orgcdc.gov , Trust.org , webforum.org

Imagen: Pixbay.com