Hablaba con otra superviviente de esta forma de sentir el sufrimiento, propio y ajeno, de una manera irracional. Estos sentimientos con los que convivimos muchas víctimas de abusos en la infancia, que nos superan en ocasiones. Creemos tenerlos controlados, pero existen momentos que se nos desbocan cual caballo salvaje.

¿Que haces entonces con todos esos pensamientos? ¿Que puedes hacer cuando revives una y otra vez episodios de tu vida activados por un detonante absurdo, como un comentario, un olor o un sonido en concreto? ¿Donde los encierras, los escondes?

También ocurre en ocasiones que el sufrimiento, de todo y de todos, lo hacemos nuestro. El del vecino, el de los animales, el de las personas que conocemos, hasta el de las que no conocemos pero vemos en tv o leemos en internet que sufren. Todo ese sufrimiento lo hacemos y sentimos como nuestros.

¿Como controlar todo ese sentir tan agobiante? Hay quien lo hace mediante la medicación, pero otras personas entre las que me sumo, la medicación no es la solución. Así que emocionalmente me toca sufrir y se que será así toda mi vida. Por los abusos sexuales de mi infancia y por el camino que estos hicieron derivar mi vida. Por el Estrés Postraumático que llevo conmigo desde que ocurrieron y por el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) que me desencadenó.

Así que se puede decir que me he acostumbrado a sufrir. Y lloro. Si, lloro muy a menudo. Casi todo me emociona, me entristece. Pero también me hacen feliz pequeñas cosas, propias y ajenas. Mi sufrimiento desmedido, también tiene su antítesis en una felicidad por pequeñas cosas, en pequeños gestos, en pequeñas palabras.

El dolor es grande si me hieren, si me dañan, si me siento despreciada o ignorada. Soy así de susceptible, si. Pero también me siento infinitamente agradecida si tienes un acto bonito conmigo, una palabra amable, un halo de comprensión o demuestras un poquito de empatía con mi persona y mis circunstancias, a las que si, por desgracia, doy importancia porque me es muy duro convivir con ellas.

Porque si, porque el haber sido victima de abusos sexuales en la infancia, porque el haber sufrido maltrato psicológico por la familia, porque el haber encontrado tantos escollos, tantas piedras en el camino de la vida, con el peso de las secuelas en los hombros,en los míos y en el de todos los supervivientes de abusos, todo eso, nos hace mas vulnerables emocionalmente. Pero no por ello tenemos que sentirnos peores, por supuesto que no. Simplemente nos tocó vivir unos episodios desagradables que marcaron nuestra vida y nuestra manera de sentir las emociones.

-Imagen: johnhain – pixabay