Una de las decisiones más difíciles que he debido tomar en la vida ha sido la de romper todo contacto con mi familia. Esa familia que me debía cuidar, educar y proteger  y que sólo me convirtieron en el pozo negro donde volcar su mierda, esa que ahora me dicen que no quieren que remueva.

El incesto, los abusos sexuales intrafamiliares suelen venir rodeados de silencio y marginación. Cuando decides romper ese silencio y te atreves a hablar de ello con la propia familia, lo habitual es que te silencien, te marginen y te inviten a que te calles, a que no remuevas la mierda y les dejes tranquilos.

Ese silencio junto con el tuyo de tantos años le otorga impunidad al abusador y le otorga impunidad al resto de la familia que no quiere verse salpicada, en el supuesto caso de que no lo estén ya, por unos hechos tan “incómodos” personal y sobretodo socialmente.

Ellos te toman como cabeza de turco y actúan en consecuencia volcando sus propias miserias sobre ti, que encima de estar siendo abusado y maltratado psicológicamente, estás en una clara indefensión, sumisión, resignación de tu propia vida en ese papel que te han asignado.

Pongo mi propio ejemplo. Sufrí abusos por parte de mi abuelo con la complicidad de mi abuela. Acabé con anorexia y bulimia graves, siendo prostituida, cocaína, intentos de suicidio, parejas maltratadoras y a día de hoy con un estrés postraumático complejo que me acompañará toda mi vida. Pero el papel en el que mi familia me ha encasillado, en el que les ha sido cómodo vivir su propia mentira durante tantos años, es el de “anoréxica”, la inestable anoréxica/bulímica que daba tumbos con su vida, de aquí para allá y que incomodaba a todos por su rebeldía, para ellos obviamente esta última sin razón de ser.

Si te separas de esta familia, de este núcleo cerrado, si rompes el hilo que te ata a ellos, se les rompen los esquemas, porque la cabeza de turco desaparece de una manera física y directa y sólo les queda la opción de rememorar, de mantener en la memoria y en sus propias conversaciones a esa anoréxica/bulímica inestable para olvidarse ellos mismos de su propia corrupta identidad.

Salir de estas familias es a veces la única y mejor opción para avanzar y empezar a reconstruirte.

Aquellos que un día fueran inocentes y habiéndoles dado la oportunidad de rectificar y posicionarse en el lado del débil, de la víctima y no lo hacen, se convierten irremediablemente en cómplices de todo el mal causado.

 

“Los miembros de una autentica familia incestuosa, deben cumplir con su propio código. Único, personal, e intransferible, creado para su supervivencia y continuidad en el espacio y tiempo, al
que están destinados a pertenecer. Su descendencia sucumbirá, se convulsionara, y vivirá agitada eternamente, pero nunca verá como se mezclan los integrantes de sus diferentes partes.
La fusión no existe en una realidad deformada y enferma. Como integrante que eres de ese entorno, si te niegas a cumplir las normas, solo queda el aislamiento y la separación del grupo, desde la
continuidad en su espacio propio, en el que también estás tú, es imposible poner en marcha una huida. Por tanto, pasas a cumplir otra función prevista en el código, te convierten en un personaje raro, extraño, antisocial, huidizo, evitativo, excéntrico, SILENCIOSO… pero real, sigues existiendo en su mundo y en el de los demás.”

Lectura de un estertor de muerte