Si importante es la detección precoz de los maltratos, sean del tipo que sean, mucho más lo es la atención y el cuidado, tanto físico como psicológico, posterior que se brinda a las víctimas.

El ejemplo lo tenemos en la misma trágica historia de Mary Ellen Wilson. Si ya conocidos son sus primeros horribles 10 años de existencia, menos lo es el resto de su vida.

Etta Wheeler (la trabajadora de la caridad que la salvó) continuó desempeñando un papel importante en la vida de la niña. La correspondencia familiar y otros relatos revelan que la justicia colocó a Mary Ellen en un refugio institucional para niñas adolescentes. Creyendo que este sería un escenario inapropiado para una niña de 10 años, la Sra. Wheeler intervino. El juez Lawrence dió permiso para que Mary Ellen viviera con la hermana y cuñado de Etta Wheeler. A partir de entonces su vida fue estable y enriquecedora.

A la edad de 24 años, Mary Ellen se casó con un viudo que tenía tres hijos y tuvo con este dos hijas: Etta, en honor a Etta Wheeler y Florence. Más tarde, se convirtió en madre adoptiva de otra niña llamada Eunice. Etta y Florence se convirtieron en maestras, Eunice se convirtió en una próspera mujer de negocios.

Los hijos y nietos de Mary Ellen la describieron como gentil y poco disciplinaria. Según los informes, vivió en un relativo anonimato y rara vez hablaba con su familia sobre sus primeros años de maltratos.

En 1913, sin embargo, aceptó asistir a la conferencia nacional de la Asociación Humana Americana en Rochester, Nueva York, con Etta Wheeler, su defensora desde hacía mucho tiempo. La Sra. Wheeler fue una oradora invitada en la conferencia. Su discurso de apertura, «La historia de Mary Ellen, que comenzó la cruzada para salvar a los niños en todo el mundo» fue publicado por la American Humane Association.

Mary Ellen murió en 1956 a la edad de 92 años.

Cabe pensar que hubiera pasado si Mary Ellen, tras ser salvada de una infancia de maltratos, hubiera sido dejada en aquel refugio institucional donde fue ingresada. Que hubiera sido de su vida si nadie hubiera hecho algo más, si pensando que alejándola de la maltratadora la niña estaba ya salvada. En una época con muy pocos recursos sociales, con aún menos estudios sobre los maltratos y sus secuelas como los que contamos en la actualidad, bastó sólo una vida más o menos normal, con personas que la atendieran con cariño y respeto para que Mary Ellen acabara disfrutando de una vida bastante feliz y plena.